martes, septiembre 28, 2021

El análisis musical y sus oportunidades metodológicas en el siglo XXI

Por: Diego María Arenas Aguilar[1] 
                                  Claudia C. Pinzón Romero[2]

El trabajo y la práctica analítica de la música son una necesidad para avanzar en la investigación, sin embargo, es posible que el concepto del análisis en la actualidad no responda a la evolución que ha tenido esta disciplina, que además de nueva, viene desde el siglo XX acompañada de un amplio abanico de teorías,  métodos y técnicas que complementan lo que había o se contraponen a lo existente.
En 1840 Ian Bent definió el análisis musical como "la resolución de una estructura musical en elementos constitutivos relativamente más sencillos, y la búsqueda de las funciones de estos elementos en el interior de esa estructura. En este proceso, la "estructura" puede ser una parte de una obra, una obra entera, un grupo o incluso un repertorio de obras, procedentes de una tradición escrita u oral" (pag 340).
Este planteamiento, obedece a una concepción estructuralista que fue superada, pero lo interesante es que aún subyace la comparación como actividad central del análisis musical y se afianza como requisito en los posgrados donde uno de los requisitos es realizar un estudio y hacer el concierto con fundamento en el análisis musical de una obra, lo que conlleva a que el método se desarrolle y especialice para determinar elementos estructurales y descubrir sus funciones.
De esta manera,  puede realizarse también la comparación con dos o más obras cada una en su unidad y es común que este método se realicé en  todos los tipos de análisis musical, bien sea,-el estilístico, formal, funcional, semiológico, Schenkeriano, etc.  
El proceso que propone Bent, es necesario describirlo como una metodología que se usa en las ciencias exactas, netamente positivista, que buscar analizar la experiencia, las relaciones y las funciones en una unidad, dejando de lado, aunque él también lo advierte, que la música no es medible, ni tangible. Dentro de esa propuesta se caracterizan diversas posibilidades en el análisis de una obra musical, una tradicional, estructuralista, en la que se concibe la obra como un producto fijado que posee combinaciones y funciones sistemáticas, se analiza lo recurrente, las variables, la reducción, la segmentación, el estilo musical y la coherencia interna de sus componentes y el asunto final sería encontrar la coherencia del producto, por ello, la naturaleza de este análisis tendría un interés técnico centrado en el texto.
 En ese sentido, podría decirse que la partitura es objetiva, como representación sonora, pero entonces se sacrifica el análisis cualitativo que debe caracterizar y comprender que la música es una proyección del espíritu de un compositor, de un intérprete, en términos filosóficos es una “efectuación del ser”,  y en esa consonancia debe incluirse cómo es interpretada y complementada con la experiencia del oyente.
 Entonces, el análisis musical requiere de otras disciplinas hermenéuticas y fenomenológicas que describan, expliquen y  vayan a la esencia de la pluralidad de los sujetos que participan en el acto creativo  y el significado externo de una obra musical o su contexto.
Otra oportunidad metodológica para el análisis musical sería concebir la obra como algo dinámico, cambiante, que se va consolidando en su existencia temporal y en el devenir durante el tiempo. La obra aquí no es un producto, no es un texto,  porque es interpretada según su historia, sus formas de interpretación, su recepción y en los entornos contextuales.
El enfoque histórico hermenéutico se centraría en la teoría y análisis de la recepción y por tanto, la naturaleza metodológica sería práctica, como un proceso enriquecido de significados sucesivos anclados en la cultura. Es decir, el análisis musical se realiza a una “obra viva, palpitante” gracias a las dinámicas de la cultura.
Por último, desde una perspectiva fenomenológica puede realizarse el análisis musical desde la percepción que tiene el sujeto con la obra, el sentido y significado que da el sujeto a su experiencia, cómo la percibe, la escucha, la valora, las afecciones emotivas, cognitivas y sentimentales que interpelan la obra. Es decir, la naturaleza metodológica radica en hallar la esencia del fenómeno musical y  la valoración y significados que se asocian a la obra.
Es cierto, que las tres posibilidades son complementarias dentro de la investigación, por ello quizá pensar metodologías mixtas para aplicar al análisis musical también es un acierto, y como se observa cada vez crece más el abandono de las metodologías empírico analíticas o positivistas. Es de anotar, que el pos-estructuralismo a través de teorías psicológicas, hicieron un viraje importante y determinante gracias a la semiología musical que desde las ciencias humanas buscan la estética y la poesía.
A medida que evolucionan los enfoques investigativos para producir conocimiento también surgen diseños  metodológicos en los que se va más allá del texto para introducir el contexto no solo en la obra sino en la condición  de la existencia de la misma. Es así que la práctica analítica musical  considera no solo la creación sino la interpretación de la sociedad actual de la obra y su extensión y dinamismo en el tiempo. Gianfranco Vinay (2001) menciona que uno de los principios fundamentales de la posmodernidad musical y artística está “en la disolución de la objetividad de la obra y  la subjetividad de su autor en la performance”.
De igual forma, los debates sobre el análisis musical como arte o como ciencia están anclados a los alcances del mismo, puede ser una herramienta que consolida bases para la construcción teórica de la disciplina o puede extenderse hacia la fundamentación de estructuras epistemológicas rigurosas con sus propias formas de comprender su objeto de estudio. Lo finalmente cierto, como lo plantea Nagore: 
Los historiadores de la música no pueden prescindir del análisis de la partitura, de los tratados teóricos o del comentario de textos, así como los teóricos o analistas cada vez abogan más por la necesidad de no olvidar la historia en su disciplina, en su búsqueda de claves contextuales y estilísticas (2004).
            Las necesidades del siglo XXI exigen transiciones conceptuales de fondo, que identifiquen la diversidad y desde el análisis destaquen la flexibilidad y dinámicas de la obra  musical y su transición en el tiempo y su devenir en la historia de un pueblo, debe contener en su método apertura para identificar la creación, el sentido y significado, la interpretación y el contexto cultural porque  “las nuevas perspectivas de acercamiento analítico a la obra musical no son "autosuficientes", tienen múltiples conexiones con otras disciplinas como la historia, la filosofía, la antropología, la psicología, la neurología, las ciencias cognitivas” (Nagore M. 2004).
De esta manera, ante la diversidad conceptual que puede asociarse al análisis musical quizá lo más relevante y generalizado es comenzar por identificar que es necesaria la integración musical para hacer el análisis de la música de frente a los retos y evolución del pensamiento posmoderno.

Referencias Bibliográficas
Bent, Ian, (1980)  Analysis", The New Grove Dictionary of Music and Musicians. London: MacMillan, vol. I, p. 340. 

Nagore, María (2004) El análisis musical, entre el formalismo  y la hermenéutica. Revista Músicas al Sur. Vol No 1 (Recuperado de http://www.eumus.edu.uy/revista/nro1/nagore.html)





[1] Mg. Investigación Musical (UNIR) Esp. en gerencia en informática (UniRemington) Lic en  educación musical, Maestro en trompeta, Maestro en Canto Lírico (Unicauca). E-mail diegomariaarenas@gmail.com
[2] Dra en Filosofía Civil (UPB). Mg en Educación (Unicauca), Lic en Filosofía (Univalle). E-mail cpinzon@unicauca.edu.co

viernes, mayo 28, 2021

La autoestima y la sexualidad

 Por: Claudia Constanza Pinzón Romero

Todas las personas expresan de diferentes maneras sus emociones, estados de ánimo y sentimientos, son manifestaciones asociadas a vivencias y experiencias positivas o negativas que han sido dadas en el mundo de la vida y están vinculadas a aspectos internos y externos, en esa apertura al entorno y a los otros a través de nuestros sentidos, es que en el proceso intentivo de la consciencia se convierten en percepciones que  finalmente, son cernidas y valoradas por la razón como experiencia. Cada vivencia puede alterar: las creencias, la valoración y el sentimiento que cada persona tiene por sí mismo, a esto le llamamos autoestima. 

Es decir, la autoestima consiste en la valoración que cada uno da a su existencia, a la vida misma, a su cuerpo, a su sexualidad, al ser en y con el mundo.  Entre las características principales de la autoestima están: Primero: es dinámica y se transforma de forma constante. Desde el vientre, el ser humano está determinado por su sexualidad, es capaz de percibir el mundo que rodea la madre y puede asignar un valor a su sentir, puede identificar lo que le agrada o desagrada, puede escuchar voces y tener sabores, es decir, comienza a desarrollar su propiocepción. Segundo: Durante el nacimiento y los meses siguientes de vida, el sujeto continúa construyendo una valoración sobre sí mismo, gracias a las experiencias que va adquiriendo en la relación las expresiones de afecto que obtiene de la familia, compañeros, amigos y vecinos y, a la relación con el entorno.

La autoestima se establece de diversas formas y se convierte en una herramienta para enfrentar los distintos momentos que depara la vida cotidiana. Se puede asegurar que una autoestima fortalecida está vinculada a la valoración que cada uno tiene de sí mismo, lo que puede potenciar capacidades, destrezas, habilidades y niveles altos de seguridad personal, esto se ve reflejado en los vínculos con la familia, la sociedad, la escuela y el contexto con el que se relaciona. 

La Familia y la autoestima 

El ambiente familiar es fundamental y se refleja en el valor y el amor que cada persona expresa sobre sí misma.  Varias de las dificultades emocionales que manifiesta un adulto, han sido construidas desde la niñez y pueden ser producto resultante de: carencias afectivas, económicas, situaciones de sobre-protección o abandono, de relaciones familiares precarias e incluso de enfermedades  padecidas en ese primer momento de la vida, las cuales afectaron el estímulo, la energía, la capacidad creativa y hasta la posibilidad para hacer amigos

Foto: Fundación Alejandría

Estas son algunas situaciones que afectan la autoestima en la infancia: Las familias, algunas veces subestiman las posibilidades de los niños y jóvenes, las que no tienen tiempo, no les prestan atención, los ignoran, se burlan de ellos ante su expresión de miedo y soledad, entre otros. 
Generalmente, ignoran que están socavando la autoestima de sus hijos.  Sin embargo, si en otras ocasiones, le expresan afecto y comprensión, crean una enorme confusión, pues ese niño o  joven comienza a elaborar estrategias en el desarrollo de la personalidad para ser aceptado o también puede reaccionar diferente: se somete para dar gusto a los miembros de la familia. 

Es así, que estos sentimientos obtenidos en la niñez, momentos en los que la familia no fue clara con las expresiones afectivas, pueden persistir hasta la vida adulta y se manifiestan como: desconfianza, inseguridad, inferioridad e incapacidad para afrontar los retos que presenta  la vida.  Además, pueden aparecer como dificultades para establecer relación con los demás y el entorno.

La autoestima está en interrelación con la dimensión comunicativa, es así que según las expresiones:  gestos, expresiones orales y escritas, se recibe la información, se asimila, se interpreta, se  asigna un valor, que puede ser positivo o negativo, bien sea, por aprendizaje o por resentimiento, por tanto los mensajes que emitimos en la acción comunicativa deben ser claros. Es necesario recordar que en algunos casos, el estilo de crianza de las madres/padres obedece a un modelo comunicativo tradicional y patriarcal, del que ellos también hicieron parte en la  infancia entonces lo proyectan hacia sus hijos.

Es necesario insistir en que ninguna forma de maltrato es educativa y menos sin son  mensajes que culpabilicen, critiquen, acusen, insulten o reprochen, estos no son un buen estímulo o una experiencia agradable para nadie y menos en la niñez, cuando no hay posibilidades de defenderse, protegerse y, en donde la impotencia para transformar las relaciones es evidente, porque casi por regla cultural, en nuestra sociedad, la razón la tiene el adulto.

Foto: Fundación Alejandría
La sociedad cumple una función importante en el desarrollo de la autoestima de las personas. A través de la cultura, la familia constituye diversos patrones y estilos de vida ya determinados e instituidos, que son transmitidos para contribuir en la educación, por tanto, se espera que la persona en proceso educativo responda según el modelo social establecido. 

Es decir, el nivel de autoestima de una persona, en cierta medida, está ligado a lo paradigmas sociales, es así que logra comprender su cuerpo, su sexualidad, las normas, la moral y la relación con los demás. Por ejemplo:

 A.  Una mujer de posición social elevada, puede poseer una baja autoestima, porque considera que a nivel profesional es ignorada. Puede ver la importancia que tiene en la sociedad, pero considerarse un ser humano indigno de admiración y aprecio de los demás.

B. Una mujer de bajos recursos económicos, que con esfuerzo logra desenvolverse profesionalmente como docente en el ámbito universitario, puede reconocer su valor, pero sus sentimientos crónicos de inferioridad, a raíz de no aceptar su físico por su “sobrepeso”, la inhabilitan para avanzar hacía logros importantes en su desarrollo como ser humano.

C. Una mujer de bajos recursos económicos, que no es menguada por las adversidades en sus deseos y aspiraciones, cree en sí misma y sus potencialidades, valora quién es y se proyecta al futuro en medio de las dificultades con seguridad y decisión.

d.  Una persona con poca confianza en sus capacidades y en sí misma crea roles de sumisión para evitar situaciones donde deba asumir responsabilidades.

Así, se observa que los criterios con los que las personas se evalúan y valoran a sí mismos, responden la mayoría de veces a estigmas y prototipos de los ideales de la cultura.

Algunos de estos criterios están asociados a factores físicos externos como: soy negro, soy gordo, soy feo, soy barrigón, soy narizón, soy calvo, soy bonito, soy blanco, soy fuerte, soy indígena, tengo senos grandes o pequeños, no tengo nalgas, entre otros. En menor proporción se valoran los factores esenciales y que dan carácter e identidad, las cualidades personales, las virtudes, sus pasiones, sus valores, como: la solidaridad, la bondad, la alegría, la resistencia ante la adversidad, la honestidad, la perseverancia, la sinceridad, la genialidad para conseguir lo que se desea y el respeto por los demás. También, existe un criterio de grupo, el cual contribuye en cómo cada persona se ve a sí misma, por ejemplo:  la perspectiva y opinión que tienen los miembros de los grupos en que participa y lo que piense el grupo incide negativa o positivamente en la personalidad o forma de pensar y la autoestima depende de esa valoración.

La Escuela y la autoestima del estudiante

La familia y la escuela deben transmitir valores claros, para que los significados de los mismos sean comprensibles. Los maestros, seguramente, investigan el contexto de las familias y conocen las problemáticas de la comunidad, así que deben reflexionar con los niños sobre sus costumbres, creencias y las formas de relación con los amigos, la familia y el entorno, e incentivar, con este conocimiento, el pensamiento crítico acerca del contexto y su participación en el mismo.

Foto: Fundación Alejandría
En todos los ambientes sociales los niños tienen las mismas necesidades básicas de afecto y seguridad, el derecho de ser una persona de valor y tener la oportunidad de crecer y desarrollarse como humano en igualdad y equidad. 

Por tanto, los maestros deben estar conscientes de los distintos ritmos de desarrollo de cada estudiante, para que él se sienta cómodo consigo mismo y con su capacidad de desarrollo, pues desconocer esto es obstaculizar el proceso de formación. Los maestros son responsables del fortalecimiento de los valores en el de los estudiantes y el desarrollo saludable de su conciencia intencional.  

El estudiante  re-crea su ser en tres dimensiones. En la primera dimensión está: el concepto que él tiene de sí mismo, ¿Soy capaz?, ¿Soy valorado en la comunidad? ¿Tengo posibilidades para alcanzar mis propósitos en las actividades cotidianas?

La segunda dimensión contiene el concepto que tiene el estudiante de sí mismo en relación con otras personas. Puede tener creencias de que es valorado o no, por ejemplo creer que sus creencias, sus deseos, sus actitudes y aptitudes, su familia, su identidad o sus creencias espirituales, son la causa de que no le aprecien, de que le tengan desconfianza y disgusto, o lo contrario que se le trate con demasiado interés. (La identidad que cada estudiante tiene de sí mismo se construye desde la niñez a través del reflejo de las opiniones de los demás, de las creencias de su comunidad y cultura).

Y la tercera dimensión vincula el concepto sobre sí mismo, tal como desearía ser, cómo se ve realmente y el concepto idealizado que lo desborda,

Los maestros deben promover en el estudiante,  el deseo de descubrir quién es, para aportar en el deseo de lo que desea ser, respetando sus ritmos, sus conflictos y sus confusiones.

La escuela  puede fortalecer la autoestima o degradarla, es decir, que  los maestros y la            escuela deben estar dispuestos al diálogo, a brindar  conocimientos y experiencias a los           estudiantes.

Los maestros deben ajustar las oportunidades de aprendizaje-enseñanza, para que el niño progrese a su propio ritmo.

Los maestros deben equilibrar el desarrollo de la inteligencia cognitiva junto con el desarrollo emocional para contribuir a que el estudiante se acepte a sí mismo.

La escuela debe promover y crear un ambiente, para encontrar oportunidades donde cada estudiante pueda sentirse importante.

 Los maestros pueden identificar los aspectos fuertes de cada estudiante para potenciarlos.

Los maestros deben visibilizar los sentimientos, emociones, vivencias, valoraciones y creencias de los estudiantes y ver cuáles apropia en la escuela.

Los estudiantes, en la mayoría de los casos, se valoran a sí mismos, mediante la aprobación de otros, por tanto,  la crítica que hacen los maestros debe realizarse cuando el estudiante esté fortalecido emocionalmente para aceptarla.

Identificar el comportamiento y la disposición del estudiante para promover relaciones estables y evitar conflictos y agresiones, especialmente, cuando las presiones son muy grandes en el aula.

Creer en los estudiantes, es brindar confianza, así se van a sentir dignos de estima y respeto. Además restablecen su equilibrio y sus convicciones.

El poder de lenguajear para fortalecer la Autoestima

Foto: Fundación Alejandría

Las personas estructuran su personalidad dentro del ambiente familiar, con la adquisición de valores, reglas y costumbres, que por lo regular, responden al "modelo" que la sociedad perfila y este es asimilado por todos los grupos sociales

De igual forma, el ambiente  y sus relaciones con el entorno lo complementan y determinan. Es de esta manera, que la autoestima contiene la forma en que un sujeto se percibe, se representa  y trasciende. 

Creer y valorar lo que es, fomenta la voluntad, el deseo, el querer, en últimas, ese concepto sobre lo que uno quiere ser en el tiempo se construye y consolida. Es necesario, mencionar que todas las personas guardan en su interior sentimientos no resueltos, aunque no siempre son conscientes de estos. Por ejemplo: los sentimientos ocultos de sufrimiento pueden expresarse  con enojo, y con el tiempo se vuelve el enojo contra sí mismo, dejando espacio a la depresión. Estos sentimientos pueden concluir en: ansiedad, rechazo, cambios de estados de ánimo, culpas, reacciones exageradas, hipersensibilidad, negativismo e impotencia, entre otros. 

Así estos trastornos emocionales, generan insatisfacciones y situaciones de dolor, por ejemplo: la timidez, la vergüenza, los  temores y hasta trastornos psicosomáticos.  Pueden repercutir en que no se confíe en sí mismo, ni en las propias posibilidades, en que la persona siga atada atado emocionalmente a experiencias que lo denigraron y no lo alentaron en algún momento de la vida. También, pueden existir razones para no valorar la existencia, pues se pueden encontrar en la comparación constante con los demás, con el deseo de parecerse a los otros y la frustración de sentirse incapaces para vivir por sus propios medio. Es decir, no hay autonomía, ni identidad, ni autenticidad. Su existencia se asimila a la de un ser que no es.

Es entonces, que se identifica que  que todas las acciones y las palabras son lenguaje y estas comunican,  por ejemplo: los silencios, las posturas, los gestos, las actitudes, las expresiones, las miradas y los tonos de la voz, incluso la moda y los accesorios que utilizamos están cargados de sentido y significado y esto es observado, leído e interpretado por el otro, automática o intencionalmente. 

Los lenguajes son elementos de poder, de dominio pero también de libertad. En la comunicación asertiva está la clave para fortalecer y fomentar una buena autoestima, en tanto así se expresan sentimientos, emociones, estados de ánimo, deseos, anhelos y aspiraciones. La comunicación debe ser un medio para poder re-significar la existencia y otorgarle el valor  a la vida.

Estrategias para restablecer la autoestima: des-aprender

Des-aprender es una buena estrategia para restablecer la creencia en sí mismo, para reemplazar las viejas ideas construidas en el temor y la inseguridad, por tanto es necesario.

Aprender a decidir y elegir con libertad, responsabilidad y sin presiones. Por ejemplo: El tiempo es mío, el cuerpo es mío, la vida me  pertenece.

Establecer límites, realizar acuerdos, exigir respecto por mi sexualidad, sueños y deseos.        

Liderar sin someterse.

Asumir la responsabilidad de las relaciones con los demás y el entorno.

Confiar en que se pueden superar las dificultades.

Comunicar emociones, estados de ánimo y sentimientos.

Reconocer que se pueden ofrecer opiniones y que también se pueden equivocar.

 Identificar las fortalezas que lo hacen valioso, ser capaz, creativo y abierto a los cambios.

Valorar el cuerpo, la existencia y la sexualidad, para dirigir su propia vida, sin desarrollar         sentimientos de culpabilidad, de inferioridad o de incapacidad. Evitar complacer a los demás para ser aceptado.

 Características de una baja autoestima

 La persona hace autocrítica fuerte y excesiva sobre sí mismo revelando su insatisfacción.

Es hipersensible a la crítica, se siente atacado, herido; culpa de los fracasos a los demás o a la situación.

Cultiva resentimientos tercos contra sus críticos.

Es indeciso, por miedo a equivocarse.

Desea complacer, por miedo a desagradar o a perder la positiva opinión de los demás.

Se auto-exige para hacer "perfectamente" todo lo que intenta

Se desmorona emocionalmente cuando las cosas no salen con la perfección requerida.

 Se culpa permanente, se acusa y se condena por conductas que no siempre son malas.

Exagera sus errores y los lamenta indefinidamente, sin llegar a perdonar su acción.

Es irritable, hostil, siempre está punto de estallar aún por cosas de poca importancia.

Todo le disgusta, le desagrada, le decepciona, nada le satisface.

  Posee una tendencia defensiva, (todo es negativo: vida, futuro y existencia)

      Es indiferente para gozar de vivir y de la vida misma.

     Características de una buena Autoestima

      La competencia no es su meta

Evita compararse con otros

No es envidioso

Lo que hace no lo justifica

Actúa con seguridad y no como si "pidiera perdón por existir"

No cree que está molestando o haciendo perder el tiempo a otros,

 Reconoce que los demás tienen sus propios problemas en lugar de echarse la culpa "por ocasionar molestias".

Cree en valores y principios, los defiende aún cuando encuentre fuertes oposiciones colectivas.

Se siente seguro para modificar valores y principios si nuevas experiencias indican que estaba equivocada.

Es capaz de obrar según crea más acertado, confiando en su propio juicio, y sin culpas.

Emplea su tiempo en situaciones del presente

Es sensible a las necesidades de los otros.

Evita divertirse a costa de los demás.

Confía en su capacidad para resolver sus problemas, sin acobardarse por las dificultades.

     Se considera y se siente igual a otras aunque reconoce diferencias en talentos y         habilidades específicas.

Acepta y valora el ser una persona agradable valiosa para otros, especialmente para los grupos con los que se relaciona.

No es manipulable, y colabora si le parece apropiado y conveniente.

Identifica y reconoce en sí mismo una variedad de sentimientos.

Disfruta diversas actividades: leer, bailar, trabajar, jugar, descansar, caminar, estar con amigos, etc.

Respeta las normas de convivencia.

La tensión en todas las dimensiones de desarrollo es permanente, el arco intencional de su conciencia: percepción, representación y motricidad responden equilibrando su ser.



















En conclusión, el proceso educativo de los seres humanos, comienza desde el vientre y en éste la familia, la sociedad, la escuela y la comunidad son fundamentales.

Los saberes, los conocimientos, las normas, las reglas, las costumbres, las creencias, las valoraciones, los deseos y los quereres van constituyendo la conciencia intencional del sujeto a través de su existencia. Es en el encuentro con el otro y el mundo de la vida, donde la percepción y la re-presentación de la persona, fundamenta la posibilidad de creer en sí misma, de valorarse  y de quererse como es, reconociendo la incompletud y la complejidad de la vida.

Referentes Bibliográficos

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  • Francés, Mayfarth, (1948) Human Beings I Have Known, Adventures in Human Relations. (Boletín para la educación de la infancia), Washington, D.C: The Association, P. 9 
  • Gillham L, Heber. (1991) Cómo ayudar a los niños a aceptarse sí mismos y a aceptar a los demás. Editorial Paidós Educador. 
  • Gallo. C. (2010) Los discursos de la educación física contemporánea. Universidad de Antioquia, grupo de investigación: estudios en educación corporal. Editorial Kinesis. 
  • Pinzon Romero Claudia Constanza, Jaramillo Echeverri  Luis Guillermo, Aguirre García Juan Carlos, Dávila E. (2014) Tu amor me hace grande: sentidos del cuerpo sexuado en la escuela. Universidad Católica del Norte. Revista No 43. Recuperado de: https://revistavirtual.ucn.edu.co/index.php/RevistaUCN/article/view/554 
  • Pinzón Romero Claudia Constanza y Dávila E. (2011) Los  sentidos del cuerpo sexuado en niños y niñas de 9 a 13 años en las Escuelas.  Universidad del Cauca 
  • Rovaletti, M.L. (1984). “El cuerpo como lenguaje, expresión y comunicación”, Revista de filosofía (México) Año XVII, No. 51. Septiembre-diciembre.  pp.491-504. 
  • Roche Olivos, Robert. (1997) Psicología y educación para la pro-socialidad". Red Federal De Formación Docente Continua para La República Argentina. Bs. As. 
  • Rodríguez S. María y López H. Miriam. (2009) Antropología y arqueología de la sexualidad: Premisas teóricas y conceptuales. Contribuciones desde Coatepec. N 16. P 77-89. Universidad Autónoma del Estado de Mexico. 
  • Shibutani, Tomotsu. (1971) Psicología Social.  Editorial Paidós. Bs. As. P. 401

RODRÍGUEZ-SH RODRÍGUEZ-SHADOW, M